El crecimiento de una empresa, con IFS

Una empresa agroalimentaria tiene su punto de inflexión cuando decide comercializar con marcas conocidas como Mercadona, Lidl, Carrefour, etc.; entrando en escena los requisitos IFS o BRC. Es en este punto donde los requisitos técnicos internos se debilitan y la Dirección de la empresa debe liderar un proceso de cambio para, al menos, poder disponer de la oportunidad de un acuerdo contractual, y por extensión, continuar con su crecimiento.

 

Errores comunes

Por desconocimiento, o en ocasiones por ahorrarse unos euros, las empresas pymes agroalimentarias prefieren esperar al tiempo de descuento para iniciarse en la implantación de una norma agroalimentaria. ¿Consecuencias?
– Incapacidad para asimilar la cultura de seguridad alimentaria
– Concentración temporal de gastos
– Elevado riesgo de perder un potentísimo cliente

Cabe destacar que es muy común asociar el nivel de las normas comentadas, al que se dispone con otras normas como ISO 9001, lo que promueve a todos los nivel que el personal no se implique lo suficiente, tanto que la primera auditoría suele ser un paso en falso. Y el malestar, general, alto.

Curva de aprendizaje

La experiencia nos demuestra que una Dirección cuyo objetivo a medio plazo (2 – 3 años) sea acceder a los centros de distribución, debe iniciar el camino de la implantación cuanto antes, por los siguientes motivos:
– Desarrollo de un plan de inversión prorrogado en el tiempo
– Posibilidad de obtener subvenciones
– Planificación y reestructuración de personal
– Asimilación de conceptos y de la cultura alimentaria sin prisas

Centrándonos en este último punto, una empresa que disponga de tiempo, disfrutará de un plan de implantación y certificación, más sencillo y económico, iniciándose en el esquema IFS Global Market en su nivel básico o intermedio y preparándose desde ahí para acceder a IFS Food y/o BRC. Además, el tiempo permite disfrutar de un aspecto clave en cualquier implantación de una norma agroalimentaria, la concienciación del personal.