El crecimiento de una empresa agroalimentaria tiene su punto de inflexión cuando decide comercializar con marcas conocidas como Mercadona, Lidl, Carrefour, etc.; entrando en escena los requisitos IFS o BRC.

Es en este punto donde los requisitos técnicos internos se debilitan y la Dirección de la empresa debe liderar un proceso de cambio para, al menos, poder disponer de la oportunidad de un acuerdo contractual, y por extensión, continuar con su crecimiento.

Por desconocimiento, o en ocasiones por ahorrarse unos euros, las empresas pymes agroalimentarias prefieren esperar al tiempo de descuento para iniciarse en la implantación de una norma agroalimentaria, sea IFS o BRC. ¿Consecuencias?
– Incapacidad para asimilar la cultura de seguridad alimentaria
– Concentración temporal de gastos
– Elevado riesgo de perder un potentísimo cliente

La experiencia nos demuestra que una Dirección cuyo objetivo a medio plazo (2 – 3 años) sea acceder a los centros de distribución, debe iniciar el camino de la implantación cuanto antes, por los siguientes motivos:
– Desarrollo de un plan de inversión prorrogado en el tiempo
– Posibilidad de obtener subvenciones
– Planificación y reestructuración de personal
– Asimilación de conceptos y de la cultura alimentaria sin prisas

Centrándonos en este último punto, una empresa que disponga de tiempo, disfrutará de un plan de implantación y certificación más sencillo y económico, iniciándose en el esquema IFS Global Market en su nivel básico o intermedio y preparándose desde ahí para acceder a IFS Food y/o BRC.