En contraposición con las normas ISO, las certificaciones de seguridad alimentaria IFS o BRC en sus diferentes versiones (Logistic, Packaging, Food, etc.) requieren, en la mayoría de ocasiones, modificaciones estructurales u operativas en las organizaciones, por ello es importante que, aunque no se tenga una planificación a corto plazo de la implantación, si debería ir teniéndose en cuenta los requisitos.

De todo lo anterior podemos exponer tres claros ejemplos:

Pensamiento planificado. Iniciando su recorrido, una empresa acaba de obtener su número de registro sanitario y siendo conscientes de que su target son clientes certificados en IFS y BRC, ya está llevando a cabo modificaciones en sus instalaciones con objeto de que en un plazo de tres o cuatro años pueda certificarse en dichas normas.

Experiencia. Siendo una organización certificada en IFS desde hace más de cuatro años, la construcción de una nueva planta está siendo pautada por los requisitos de la norma y la experiencia acumulada, de esta forma los requisitos son parte del proceso de manera natural y no forzada como exigencia de cumplimiento.

Aquí y ahora. Gran contrato con requisito a cumplir: estar certificado en IFS o BRC. En nuestros años de consultoría hemos podido evidenciar inversiones superiores a 40.000 euros para poder cumplir con los requisitos de la norma.

Por nuestra experiencia, la implantación de normas de seguridad alimentaria requiere un alto nivel de esfuerzo por parte de la organización, del cual no es consciente y es por ello que, si se prevé que pueda existir una necesidad futura hacia la certificación, se inicien los pasos para conocer los requisitos asesorados en todo momento por una consultora con experiencia en la materia.